After all the jacks are in their boxes
And the clowns have all gone to bed
you can hear happiness staggering on down the street
Footprints dressed in red
and the wind whispers mary
Después de que todas las sotas estén en sus cajas
y de que los comodines se hayan ido a la cama
puedes oír a la alegría tambaleándose calle abajo
pisadas vestidas de rojo
y el viento susurra Mary
Siento fascinación por "The wind cries Mary", de Jimi Hendrix. Esta balada tiene una letra impresionante, conmovedora. La he escuchado tantas veces que a veces hasta le echo en cara al amigo Jimi que ponga un tono de voy tan chulesco: más suavidad le vendría bien, quizás. Aunque da igual, es una obra maestra. Además, también le suelo echar en cara que se muriese, en vez de seguir viviendo y componiendo y tocando así. Ahí estamos, inconformista. Y cómo me apasiona esta letra...
A broom is drearily sweeping up
the broken pieces of yesterday's life
Somewhere a queen is weeping
Somewhere a king has no wife
And the wind cries Mary
"Una escoba está barriendo, deprimente,
los trozos rotos de la vida de ayer
en algún lugar una reina está llorando
en algún lugar un rey no tiene esposa
y el viento grita Mary"
Qué palabras... en inglés suenan mágicas, como en un hechizo.
En fin, te deseo que las luces del tráfico (semáforos) no se pongan azules (tristes) mañana.
P.
martes, octubre 04, 2005
sábado, octubre 01, 2005
París, aaah, París
Jau, amix
Aprovechando que estoy lamentablemente ebrio voy a aprovechar para contaros donde pasé mis vacaciones veraniegas. Resulta que hice un viaje a la ciudad de la luz, París.
La verdad es que el viaje moló: hicimos una primera etapa en coche desde Barnacity a San Pardillo, un pueblo de 3 habitantes situado más allá de Clermont-Ferrand. Dormimos en un hotel/motel donde podrían rodar una peli de lo raro que era: no había váteres en las habitaciones, pero sí había bidets... mmmh debe de ser que soy francés, y claro, me cuesta.
El segundo día llegamos a París, que estaba a cuatrocientos y poco kilómetros. Llegamos pronto, pero por desgracia, nos costó lo nuestro encontrar el cámping del Bois de Boulogne, que está mal indicado con ganas en la ciudad. Suerte que era domingo, porque si no, habríamos muerto. Las instalaciones del mismo están como hace diez años cuando las visité por primera vez, es decir, precarias en cuanto a servicios. Parece ser que lo único que les importa a los que llevan el cámping es hacer dinero, claro.
El tercer día fuimos a la meca del tío Walt en Europa, es decir, Eurodisney, o Disneyland París, como lo llaman los lugareños. Lo pasamos bien, es un parque temático de primer orden, y como tal te lo cobran, pero en fin...
El cuarto, quinto, sexto y séptimo día estuvimos dando vueltas por la ciudad, visitando museos, sitios emblemáticos y galerías comerciales, ahí, a saco. De Montmartre a las Lafayette.
Los tres últimos días los dedicamos a descansar. Me explico: viajamos hasta Pontorson, un pueblecito normando en la frontera con Bretaña que tiene la particularidad de estar a 20 kilómetros del Mont Sant Michel, un lugar que queríamos visitar tant sí com no. Y lo hicimos, vaya si lo hicimos.
Acertamos el cámping (buenas parcelas, buen tiempo, piscina, sauna, trato genial) y nos quedamos tres días descansando y haciendo excursiones a las localidades vecinas.
Y de allí vuelta para casa: llegamos a Tolouse, dormimos en un hotel y al día siguiente, previo paso por Carcasona, llegamos de vuelta a la ciudad condal.
Total, un viaje cansado, pero muy gratificante. Es lu ca iá.
Miau,
P.
Aprovechando que estoy lamentablemente ebrio voy a aprovechar para contaros donde pasé mis vacaciones veraniegas. Resulta que hice un viaje a la ciudad de la luz, París.
La verdad es que el viaje moló: hicimos una primera etapa en coche desde Barnacity a San Pardillo, un pueblo de 3 habitantes situado más allá de Clermont-Ferrand. Dormimos en un hotel/motel donde podrían rodar una peli de lo raro que era: no había váteres en las habitaciones, pero sí había bidets... mmmh debe de ser que soy francés, y claro, me cuesta.
El segundo día llegamos a París, que estaba a cuatrocientos y poco kilómetros. Llegamos pronto, pero por desgracia, nos costó lo nuestro encontrar el cámping del Bois de Boulogne, que está mal indicado con ganas en la ciudad. Suerte que era domingo, porque si no, habríamos muerto. Las instalaciones del mismo están como hace diez años cuando las visité por primera vez, es decir, precarias en cuanto a servicios. Parece ser que lo único que les importa a los que llevan el cámping es hacer dinero, claro.
El tercer día fuimos a la meca del tío Walt en Europa, es decir, Eurodisney, o Disneyland París, como lo llaman los lugareños. Lo pasamos bien, es un parque temático de primer orden, y como tal te lo cobran, pero en fin...
El cuarto, quinto, sexto y séptimo día estuvimos dando vueltas por la ciudad, visitando museos, sitios emblemáticos y galerías comerciales, ahí, a saco. De Montmartre a las Lafayette.
Los tres últimos días los dedicamos a descansar. Me explico: viajamos hasta Pontorson, un pueblecito normando en la frontera con Bretaña que tiene la particularidad de estar a 20 kilómetros del Mont Sant Michel, un lugar que queríamos visitar tant sí com no. Y lo hicimos, vaya si lo hicimos.
Acertamos el cámping (buenas parcelas, buen tiempo, piscina, sauna, trato genial) y nos quedamos tres días descansando y haciendo excursiones a las localidades vecinas.
Y de allí vuelta para casa: llegamos a Tolouse, dormimos en un hotel y al día siguiente, previo paso por Carcasona, llegamos de vuelta a la ciudad condal.
Total, un viaje cansado, pero muy gratificante. Es lu ca iá.
Miau,
P.
viernes, septiembre 23, 2005
Me paseo enmascarado
Larvatus prodeo. Me paseo enmascarado, en latín. He leído esta frase en un libro, en algún momento, la he copiado en una de mis numerosas libretas y ahora la copio aquí. Inútil mencionarlo, he olvidado de qué libro la saqué, como siempre.
Me paseo enmascarado, cuando la gente se cruza conmigo realmente no me ven a mí, ven mi máscara. Incluso cuando hablo con los demás, cuando me relaciono, cuando sonrío. Enmascarado.
Hay momentos en que llego a engañarme a mí mismo, pero no del todo. En el fondo sé que soy el impostor de siempre. Mentir es vivir con miedo, y aquí todos mentimos demasiado, o eso creo. Como decía el bueno de Lenny Cohen "if you want another kind of love, I'll wear a mask for you", pero tampoco se trata de eso.
Es lo que hacemos desde que, de pequeños nos vendieron que seríamos algo grande, y así estamos desde entonces, aparentando. Somos pequeños, tristes y débiles, y a menudo sacos de lágrimas contenidas. Y de vez en cuando, muy de vez en cuando, la suerte nos favorece, y entonces parece que la calle cambia de color, que el sol brilla más y mejor, que todo el mundo es bueno. Y casi todo el mundo es bueno, pero por qué llevarán los demás máscara si todos somos tan buenos...
Me paseo enmascarado, cuando la gente se cruza conmigo realmente no me ven a mí, ven mi máscara. Incluso cuando hablo con los demás, cuando me relaciono, cuando sonrío. Enmascarado.
Hay momentos en que llego a engañarme a mí mismo, pero no del todo. En el fondo sé que soy el impostor de siempre. Mentir es vivir con miedo, y aquí todos mentimos demasiado, o eso creo. Como decía el bueno de Lenny Cohen "if you want another kind of love, I'll wear a mask for you", pero tampoco se trata de eso.
Es lo que hacemos desde que, de pequeños nos vendieron que seríamos algo grande, y así estamos desde entonces, aparentando. Somos pequeños, tristes y débiles, y a menudo sacos de lágrimas contenidas. Y de vez en cuando, muy de vez en cuando, la suerte nos favorece, y entonces parece que la calle cambia de color, que el sol brilla más y mejor, que todo el mundo es bueno. Y casi todo el mundo es bueno, pero por qué llevarán los demás máscara si todos somos tan buenos...
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