Tú puedes ser ingenuo y pensar que tienes un gato. Sin embargo, los gatos son animales salvajes aún; de hecho, tienes suerte de que sea tan pequeño, si no, tu gato podría arrancarte un brazo en un ataque de ira. O una pierna. Y luego se relamería y ronronearía tan tranquilo.
En el mundo antiguo se sabía que los gatos pueden cruzar libremente del mundo de los vivos al de los muertos, así, sin despeinarse. En un momento dado están sentados junto a Aquiles hijo de Peleo, lamiéndose una patita, y al siguiente están en tu sofá, pasándosela por la cara para lavarse. Y Aquiles, gris y sediento de sangre, como todos los muertos del Hades, no está precisamente contento. Pero eso a tu gato no le importa.
Otro punto a tener en cuenta: nunca le pongas nombre a tu gato. Él o ella ya tienen uno. Lo que pasa es que no se lo has preguntado nunca. Y si lo has hecho, probablemente no le haya dado la gana decírtelo. Pero ya tienen el suyo, por eso nunca responden a apelativos como Micifuz, Gremlin, Bolita de Pelo, Furby o similares. No te quejes: si tu fueses la reina Bastet y te llamasen Pichurrina, tampoco harías ni pastelero caso. Es más, te ofendería tanto, que caminarías toda tiesa, sin mirar atrás... ¿te suena esa actitud?
En resumen, que los gatos viven con nosotros, pero no entre nosotros. Van a la suya, entre dos mundos. Y están convencidos de que somos sus esclavos.
miércoles, febrero 10, 2010
lunes, febrero 01, 2010
A costa del hijoputa
...no tengo palabras de lo chusquero y ruin que me ha parecido esta perla de Esperanza Aguirre, hablando sobre una de esas sucias victorias por el poder de Caja Madrid. ¡¡Esta es la gente que se presenta a elecciones, y las gana!!
http://www.elmundo.es/elmundo/2010/01/29/madrid/1264772159.html
Ese es el nivel de los individuos que se meten a políticos por estos lares: no saber idiomas ni cultura (ni educación), ser unos chachulleros, poner buena cara a las cámaras y después llamar hijoputa a la gente cuando crees que sólo te escuchan tus colaboradores.
¿Tenemos lo que nos merecemos?
Estoy por mudarme a una isla desierta.
http://www.elmundo.es/elmundo/2010/01/29/madrid/1264772159.html
Ese es el nivel de los individuos que se meten a políticos por estos lares: no saber idiomas ni cultura (ni educación), ser unos chachulleros, poner buena cara a las cámaras y después llamar hijoputa a la gente cuando crees que sólo te escuchan tus colaboradores.
¿Tenemos lo que nos merecemos?
Estoy por mudarme a una isla desierta.
martes, enero 12, 2010
Basura espacial
Mientras paleaba restos de artilugios que algún día valdrían su peso en oro en otro planeta, Loro recordó las palabras del que había sido su mentor en la pila de basura, hacía tantos años.
- Nunca dejes un resto valioso para mañana. Nunca sabes si mañana habrá desaparecido, o siquiera, si existirá un mañana. - le espetó el viejo Glaudio. Fue la primera y última vez que le dirigió una frase de más de tres palabras.
Rabioso, Loro tiró la pala a un lado. "Ahí se quedan, viejo", pensó, y se dirigió a la cámara de descompresión. Por un momento pensó en quitarse el traje en mitad de la luna y dejar que la falta de atmósfera hiciera el resto. Antiana ya no quería ni verle, y la chica que le sedujo, María... en fin, María era como un pajarillo en una tempestad: nunca sabía si iba o venía.
En vez de a la sala de descompresión, se dirigió por fuera hacia el patio que hacía las veces de espaciopuerto. Menudo chiste: sólo había un viejo cohete desvencijado del Zenozoico en un rincón... pero espera, ¡también estaba una brillante micronave de transporte roja con el emblema de los distribuidores de suministros!
Se acercó sigilosamente a la escotilla de entrada. ¡De verdad, era su día de suerte! ¡Esos idiotas se habían dejado el seguro sin echar!
Loro se subió rápidamente, se descontaminó con dejadez y cerró el seguro. Abrió una lata de vino Con y se sentó a los mandos. Eran lo suficientemente estándar como para que él, que había suspendido tres veces el carné, pudiera elevarla.
Empezó a oír golpes en el casco: el repartidor, sin duda, tratando de recuperar su vehículo. Sin pensarlo dos veces, Loro apretó el botón sepia y despegó. El ordenador trataba de averiguar a dónde quería ir, pero él se tumbó en el sillón, poniendo las botas sobre el tablero de mandos, disfrutando de su bebida.
- Ordenador, rumbo al Sol, modo manual. Velocidad crucero.
Así no le molestarían los cambios de rumbo automáticos para evitar la estrella, y podría terminarse tranquilamente su vino mientras aguardaba el cálido desenlace.
- Nunca dejes un resto valioso para mañana. Nunca sabes si mañana habrá desaparecido, o siquiera, si existirá un mañana. - le espetó el viejo Glaudio. Fue la primera y última vez que le dirigió una frase de más de tres palabras.
Rabioso, Loro tiró la pala a un lado. "Ahí se quedan, viejo", pensó, y se dirigió a la cámara de descompresión. Por un momento pensó en quitarse el traje en mitad de la luna y dejar que la falta de atmósfera hiciera el resto. Antiana ya no quería ni verle, y la chica que le sedujo, María... en fin, María era como un pajarillo en una tempestad: nunca sabía si iba o venía.
En vez de a la sala de descompresión, se dirigió por fuera hacia el patio que hacía las veces de espaciopuerto. Menudo chiste: sólo había un viejo cohete desvencijado del Zenozoico en un rincón... pero espera, ¡también estaba una brillante micronave de transporte roja con el emblema de los distribuidores de suministros!
Se acercó sigilosamente a la escotilla de entrada. ¡De verdad, era su día de suerte! ¡Esos idiotas se habían dejado el seguro sin echar!
Loro se subió rápidamente, se descontaminó con dejadez y cerró el seguro. Abrió una lata de vino Con y se sentó a los mandos. Eran lo suficientemente estándar como para que él, que había suspendido tres veces el carné, pudiera elevarla.
Empezó a oír golpes en el casco: el repartidor, sin duda, tratando de recuperar su vehículo. Sin pensarlo dos veces, Loro apretó el botón sepia y despegó. El ordenador trataba de averiguar a dónde quería ir, pero él se tumbó en el sillón, poniendo las botas sobre el tablero de mandos, disfrutando de su bebida.
- Ordenador, rumbo al Sol, modo manual. Velocidad crucero.
Así no le molestarían los cambios de rumbo automáticos para evitar la estrella, y podría terminarse tranquilamente su vino mientras aguardaba el cálido desenlace.
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