Despiadadamente solo
sentimientos rabiosos y arrebatados,
mirando hacia el yeso sucio
de una pared sin puerta.
La televisión encendida
huidas mentales para jóvenes ancianos idiotas
pero a mí no me sirve:
demasiado tonto para creer.
Abrazado por la humedad
exhalo bien fuerte
intentando deshacerme de pensamientos y sueños locos,
deseando ser normal.
El ruido interior me desarma contra el suelo.
Hoy tampoco duermo;
quizás, por favor, mañana.
domingo, marzo 27, 2011
martes, marzo 22, 2011
Fragmentos de la ópera gatuna
Una valla en la noche, separando un jardín de un bosque oscuro. Y sobre la valla, una cabecita peluda. Con bigotes y dos garras que se aferran, y ágil, sube a la valla el gato.
Tiene tres colores, así que no es gato, sino gata. Y junto a ella se aposenta un siamés panzón.
Y ahora sube un tigre rayado, y una pantera negra, y un blanco con la cabeza y las patas pintadas de negro.
Y todos tienen hambre, así que empiezan a quejarse. Con armonía: los graves con los graves, las gatas con las gatas. Maúllan su melodía durante un buen rato, pero parece que a ningún humano le importa...
De pronto, se oye un estrépito metálico: el gato panzón ha saltado sobre un cubo de basura que había en el jardín, ha apartado la tapa y la ha dejado caer al suelo, para meterse dentro buscando posibles presas.
El resto del grupo se asusta, y dando ágiles saltos desaparecen, dispersándose en la noche. Sin embargo, poco a poco van volviendo, se van reuniendo alrededor del cubo, para ver si el siamés está teniendo suerte, o si simplemente se ha quedado atrapado dentro.
Tiene tres colores, así que no es gato, sino gata. Y junto a ella se aposenta un siamés panzón.
Y ahora sube un tigre rayado, y una pantera negra, y un blanco con la cabeza y las patas pintadas de negro.
Y todos tienen hambre, así que empiezan a quejarse. Con armonía: los graves con los graves, las gatas con las gatas. Maúllan su melodía durante un buen rato, pero parece que a ningún humano le importa...
De pronto, se oye un estrépito metálico: el gato panzón ha saltado sobre un cubo de basura que había en el jardín, ha apartado la tapa y la ha dejado caer al suelo, para meterse dentro buscando posibles presas.
El resto del grupo se asusta, y dando ágiles saltos desaparecen, dispersándose en la noche. Sin embargo, poco a poco van volviendo, se van reuniendo alrededor del cubo, para ver si el siamés está teniendo suerte, o si simplemente se ha quedado atrapado dentro.
miércoles, marzo 16, 2011
La fiesta del fin del mundo
La fiesta del fin del mundo
Rey Luí se despierta confuso: se ha quedado dormido leyendo en la bañera, el agua se ha enfriado y su libro está empapado y pesa ahora unos diez kilos. Sin alterarse, se seca bien, se pone su chándal favorito y un sombrero de flores y llama a Be Minúscula por teléfono.
- He soñado que el fin del mundo es el próximo lunes.
- ¡Eres grande, majestad! ¡no se me ocurre un motivo mejor para una fiesta de despedida!
Emocionada, Be Minúscula llama a Ferdinand Dadá para que lo organice todo.
El domingo, víspera del fin del mundo, no faltadetalle en el ático del Hôtel des Âmes. Todos están allí: el inefable Señor Señora va de la mano de la Señorita Mensonge, ambos rivalizando en tacones y colorido. Bailan despreocupadas las hermanas Minúscula, Be y Jota con su majestad el Rey Luí, y Julieta Martínez, sonriente, acaricia a su perrito.
Van todos vestidos de gato, y beben copas llenas de leche. Hay bocadillos de atún para comer, ratones de gominola para picar y agua para los intolerantes a la lactosa. Ya digo, todo magistralmente organizado.
De pronto entra la Mujer Cordobesa, que llega elegantemente tarde y vestida de faralaes.
- ¡Sois unos idiotas, habeis alquilado los trajes de gato de todo el barrio! ¡He tenido que ponerme algo del armario! ¡Cabritos!
Todos celebran alegremente el vituperio. Y llega el momento, sacan la tarta de arenque de tres pisos. Soplan las velas, y la cortan mientras suenan las doce. El mundo no termina, así que se la comen.
Y para celebrar que la vida continúa, se suben todos a la barandilla, se toman de la mano y saltan al vacío. Pero lo hacen mal, y caen hacia el lado del ático, entre risas y algún aullido.
Rey Luí se despierta confuso: se ha quedado dormido leyendo en la bañera, el agua se ha enfriado y su libro está empapado y pesa ahora unos diez kilos. Sin alterarse, se seca bien, se pone su chándal favorito y un sombrero de flores y llama a Be Minúscula por teléfono.
- He soñado que el fin del mundo es el próximo lunes.
- ¡Eres grande, majestad! ¡no se me ocurre un motivo mejor para una fiesta de despedida!
Emocionada, Be Minúscula llama a Ferdinand Dadá para que lo organice todo.
El domingo, víspera del fin del mundo, no faltadetalle en el ático del Hôtel des Âmes. Todos están allí: el inefable Señor Señora va de la mano de la Señorita Mensonge, ambos rivalizando en tacones y colorido. Bailan despreocupadas las hermanas Minúscula, Be y Jota con su majestad el Rey Luí, y Julieta Martínez, sonriente, acaricia a su perrito.
Van todos vestidos de gato, y beben copas llenas de leche. Hay bocadillos de atún para comer, ratones de gominola para picar y agua para los intolerantes a la lactosa. Ya digo, todo magistralmente organizado.
De pronto entra la Mujer Cordobesa, que llega elegantemente tarde y vestida de faralaes.
- ¡Sois unos idiotas, habeis alquilado los trajes de gato de todo el barrio! ¡He tenido que ponerme algo del armario! ¡Cabritos!
Todos celebran alegremente el vituperio. Y llega el momento, sacan la tarta de arenque de tres pisos. Soplan las velas, y la cortan mientras suenan las doce. El mundo no termina, así que se la comen.
Y para celebrar que la vida continúa, se suben todos a la barandilla, se toman de la mano y saltan al vacío. Pero lo hacen mal, y caen hacia el lado del ático, entre risas y algún aullido.
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