martes, febrero 09, 2016

El mago

Bajábamos charlando por el paseo mi amigo Félix y yo, bueno, sobre todo charlaba yo. El caso es que en un momento dado, de un local anodino salió un mago. Lo reconocimos por su aspecto: ancha camisa blanca con estampado de estrellas, rostro bronceado y ojos punzantes. No estaba contento. 

"La Mandrágora", decía el cartel. Salió empuñando una escoba, y se puso a barrer la acera con desgana. Supuse que quería dar una primera impresión buena, una entrada atractiva para su negocio.

De pronto, el mago se quedó quieto, apuntando su nariz aguileña al cielo. Solo estuvo así un instante. No sabemos que vio, notó o sintió, pero dejó la hojarasca a medio barrer, apoyó la escoba en el quicio de la puerta y entró tambaleándose. Juraría que le oímos murmurar "El primer día. Hoy es el primer día del fin del mundo".


miércoles, enero 13, 2016

Las desagradables peripecias del perro acordeón original

El genetista nos presentó su última creación con un gesto circense.

— Contemplen, pues, al perro acordeón.

A primera vista de un cachorro de un típico perro de tres colores, pelo corto, lengua fuera, con las patas delanteras sobre la pequeña valla, olfateándonos con curiosidad. Sin embargo, en vez de lomo tenía ocho pliegues, como los segmentos de un instrumento de fuelle.

— Siéntate, chico.

Y el cuerpo del animal, al sentarse, empezó a entonar una melodía de acordeón afinado, sin parar de mover la cola a ritmo.

— ¿Pueden creer que esta es la segunda versión? La primera fue un encargo particular. Querían tener un perro de dos metros de largo, patas cortas, treinta pliegues o más y un culo en cada extremo. El individuo que me lo encargó era un tipo gordo que vestía un traje caro; me puso una obscena cantidad de dinero sobre la mesa y me dijo que quería que el animal al moverse hiciese sonar largas y complejas melodías. Tres meses me pasé perfeccionando el modelo. Al final  lo desarrollé, se lo presenté, y ¿qué creen que hizo el muy salvaje? Le dió una patada en el culo que tenía más cerca al pie, con lo que el perro empezó a sonar. Al girarse para protegerse, le acercó, sin poder evitarlo, el segundo culo. ¡Y el individuo va y le da otra patada! El pobre animal quería esconderse, pero no tenía ojos, no tenía cara, solo podía correr en círculos. Tendrían que haber visto cómo se reía el gordo. ¡Disfrutaba haciendo daño al pobre perro acordeón! ¡Era un sádico!

— Disculpe la pregunta, pero, ¿como se alimentaba el perro? Es decir, si no tenía cabeza...

— Tenía una boca bajo uno de los segmentos centrales, y una pequeña nariz disimulada en otro. Podía encontrar y engullir comida, pero ese no es el tema. ¡A mis creaciones no las maltrata nadie!

—Entonces, ¿qué sucedió?

—Pues que le tiré su dinero a la cara y lo puse de patitas en la calle de forma bastante violenta. De hecho salió por la puerta de una buena patada en el culo, para que se hiciese una idea de lo que se siente. ¡Va a venir aquí un gordo maltratador a llevarse a mi criatura! ¡Estaríamos listos!

— ¿Entonces, se quedó con el perro con dos culos?

— Sí, pero no está a la venta. No me arriesgo a que alguien vuelva a mirarle de esa manera asquerosamente golosa. Ahora vive con la familia de mi sobrina. Bueno, les interesa el perro acordeón para su zoo genético o no? No es barato, pero seguro que los burundeses me hacen una oferta, si ustedes no lo quieren.

Yuan y yo nos miramos. Bien publicitado, el perro acordeón iba a ser una atracción infantil de primer orden.

— Nos quedamos con el animal. Le pagaremos lo que pide.

— Perfecto. ¡Brindemos, pues, por el éxito de la nueva estrella de su zoológico!






viernes, diciembre 11, 2015

Profundo encarnado

En la última celda
del pozo sin fondo
del Castillo de If
mi cabeza
aún palpita.

Años de desprecio
del todo mal borrado
del olvido más miserable:
palpita.

Un millón de minutos sin respirar
el trozo más sucio del peor retal de trapo gastado
deshecho y perdido
tirado al Infierno.
Vivo.

La reina ya no cree,
intuye ni tiembla,
sus piernas de alambre,
suaves, algo frías,
no sostienen.

Por las uñas se agarra
al yeso del muro.
Por las uñas desea.

Ya derrumba las puertas
una muchedumbre
garrula y furibunda.
Ya se precipitan sobre ella,
ya le abren las piernas,
ya la humillan con fuerza, con ganas,
ya le roban todo.
Ella espera y siente.

Llego tarde, tan tarde, y veo
la ropa rasgada,
la cabeza monda,
vejada, golpeada,
el cuerpo roto; sonríe.
Aún tiene hambre.
Soy su cena.


 
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