lunes, julio 18, 2016

Vinieron

Salí a correr al bosque
sin camisa, pies sobre agujas de pino,
abriendo el aire con el cuerpo.

La manada aguarda
a la orilla de tu río
con hambre infinita.

Que vengan, pensé.
Y vinieron.

jueves, junio 16, 2016

Bajamar

Espuma pintada de sangre
clava sus labios fríos
en el lomo de mi alma:
otra y otra y otra vez más
me dejé cornear.

Qué caricatura torcida.
Qué vergüenza dan
las lágrimas al manchar
las bolsas de basura.

Ni hombre, ni medio
un pegotito celoso
bajo la barra de un bar.

Bajamar, bajamar
y si el agua nunca vuelve




martes, junio 07, 2016

El perro del páramo

Cuando la mujer grande llegó a Moryr, a la entrada del pueblo se encontró con un perro tumbado en medio del camino.

—¿Quién eres? —le preguntó el can, impidiendo el paso, pero silencioso y bastante educado, teniendo en cuenta las circunstancias.

—Yo...

El perro ladeó la cabeza con incredulidad.

— ¿Dudas? En Moryr no hay dudas.

—No es eso. Sé por qué vengo. Pero no recuerdo haber tenido nunca nombre.

La mujer parecía un poco violenta por el hecho de no ser nadie.

—No te inquietes, casi todo puede arreglarse. Te llamarás Nadia.

—Me gusta. Me gusta mucho. —respondió Nadia. —Y tú, ¿cómo te llamas?

—Páramo. —la miró muy serio. —mi amo tiene un sentido del humor muy particular.

—No sé a qué te refieres. Encantada de conocerte, Páramo.

—Sigue adelante. El primer edificio que ves es la alquería. Entra y pregunta por Ferrer. Él podrá quitarte esos clavos.

—¿Qué clavos?—se miró y descubrió que tenía una docena de clavos de hierro oxidado perforándole los brazos y las piernas. —Ah.

—Ferrer te ayudará; aunque no te duelan, no son cómodos ni bonitos.

—No lo son. Iré.

—Nos vemos luego —se despidió el perro Páramo.


Nadia echó a andar y se despidió del can con un gesto ambiguo: la piel alrededor de los clavos había empezado a picarle.




 
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