lunes, enero 08, 2018

Muy refrescante, como tu codo en mi cara

Sé que fue sin querer, sé que no lo pretendías, que no me viste, que me quieres bien, que fue un accidente. Pero al levantarte, me diste un codazo y de un plumazo visité todas las estrellas de la vía láctea.

No lo pretendía, yo no quería, fue involuntario, no suelo ser tan simiesco, tan básico, pero me quedé embobado mirando lo que vendría siendo, o sea, vamos, tu culo en pompa. Me hipnotizó, y me fui acercando como un gato acecha una cinta movida por el viento. Entonces te levantaste y, con el codo y sin quererlo, me rompiste la nariz.


martes, agosto 29, 2017

Cigarro apagado en una cara


La profundidad
de un cigarro apagado en una cara
la mirada intensa del que pide más dolor,
más estar vivo en manos del otro.

Dame daño, pero hazme caso.
No me apuñales con tu desdén
con tu ignorancia, con tu hombro
siempre en medio.

Somos lo que fuimos y no hemos olvidado
aunque sea todo invención,
aunque sea tarde y mal.

Somos esos monos tontos
que nada conocen
y creen saberlo todo.

Seguimos siendo tú y yo
música en mi cabeza.

viernes, agosto 25, 2017

El hotel de Nené



En un hotel de la costa, muy lejos de mi familia, tumbado y satisfecho. Estoy acostado con Nené Boudoir en una cama con dosel. Descansamos; marcas de sudor y mordiscos, después de haber follado todo lo imaginable.

Nené Boudoir no es un hombre ni una mujer, es ambos y ninguno. Está formada por los trocitos preferidos del fetichismo de mucha gente. Y se acuesta conmigo, y también lo haría contigo, y con cualquier otra persona que ella piense que lo necesita.

Nené no vive del sexo, aunque podría: la gente hace cola para regalarle lo que ella quiera. Y le insisten sin cesar. Pero ella nunca acepta: nadie puede comprarla, poseerla o enjaularla. Es libre, caliente e infinita como un sol.

El día que Nené te llama y tú dejas de lado el mundo entero, aunque sea el cumpleaños de tu hija enferma, una boda, un velorio, y corres hacia ella. Y a l mejor has destrozado tu familia, igual has perdido el trabajo y vas a vivir en la calle el resto de tu vida. Pero corres como alma que lleva el diablo. Y esos minutos, esos segundos que te mira profundo a los ojos, mientras se corre, te corres, la llenas, te llena, valen lo que varias vidas. Después te acuestas. Ella escribe, y si tienes mucha suerte y le apetece, puede leerte un trocito de su diario con su voz de princesa quebrada.

Cuando todo termina sales del hotel, y el mundo vuelve a ser ese paisaje desvencijado y absurdo. Pero te vas cargado de una alegría que te alcanza para vivir mil vidas. 

Y tal vez un día, tal vez no muy lejano, Nené Boudoir volverá a requerirte con urgencia y un total desdén por tus rutinas.



 
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