martes, julio 29, 2008

El día que le di su merecido al mundo

Cansado de llevarme palos, decidí ponerme mi máscara de luchador mexicano y salir a hacer justicia.

No sé si os he hablado de mi máscara... es plateada, con un dibujo tribal alrededor de los ojos. Parecida a la de El Santo, pero no igual.

El caso es que salí a la calle vestido con mi pantalón ciclista, mi máscara, mis chanclas, mi cadena de oro y nada más, dispuesto a enfrentar el mundo. Como no encontré entuertos, me subí al autobús. Me senté, y todo el mundo me miraba. A pesar de ir fresco empecé a sudar, inquieto.
Una parada después, subió un grupo muy grande de personas. Una de las cuales era una vieja cargada con la compra, que me miró, quizás con deseo. Deseo de mi asiento, claro. Se lo cedí.

- Gracias, muchacho, no dejes que nadie te llame payaso, eres un buen chico.

Volví a casa llorando de felicidad.

4 comentarios:

Xavier Salvador dijo...

Jajaja!!!! que bo! Genial, que surtis amb la màscara pel carrer és tenir un parell de collons. Suposo que el fet de fer teatre t'ha ajudat a provar-ho. I el comentari de la iaia impagable...

Ana Blasco Cruces dijo...

¡Pedazo de blog!

Marina dijo...

¡Eres muy grande, favorito...!

Ange dijo...

¡Bellísimo! jajaja, gracias.

 
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