domingo, septiembre 05, 2010

El regreso de los enanos luchadores

Nunca debiste reírte de aquel cuadro de Velázquez, te lo digo en serio. Ahora estás ahí postrado en la cama de hospital, peleando por sobrevivir, y todo por ser un bocazas. Todos nos dimos cuenta de que el tipo de la galería no era muy alto. Bueno, más bien era enano. Debía de medir un metro. Y sí, estaba quieto, contemplando atentamente el cuadro del bufón Calabacillas. Y además llevaba un sombrero de hongo sobre su gran cabeza, y un trajecillo a medida.
Pero llamarle champiñón y preguntarle si el bufón velazquiano era un antepasado suyo, fue demasiado. Y cuando, al recriminarte tu actitud, le empezaste a dar alegres paraguazos, eso ya fue humillante para el pobre hombre. Huyó, pero tus carcajadas y pullas le persiguieron por toda la galería mientras corría a toda velocidad con "esas patitas".
Cuando saliste por la puerta, merecías lo que te ocurrió: cinco enanos con mallas de lucha libre se abalanzaron sobre tí, y a base de golpes, inmovilizaciones y luxaciones cobraron venganza.
La moraleja sería algo así como "Nunca te metas con un enano. Hay más.".

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