domingo, noviembre 28, 2010

Lo que cuenta es el final

Rey Lui se hizo amigo de Jota Minúscula después de una reunión en la Taberna de Juan Florín. Se trataba de una de las famosas fiestas semanales de No Cumpleaños de Ferdinand Dadá, y había acudido por un extraño cúmulo de casualidades.

La primera fue que el mensajero con la invitación había sorprendido a Lui tumbado en su bañera vacía, jugando a los barquitos. El Rey casi nunca estaba en casa, le encantaba estar en la calle, viviendo la vida. Y cuando estaba, nunca cerraba la puerta. Volvió para ducharse, pero no había agua. Se desnudó, cogió papel y lápiz, se tumbó en la bañera y se puso a jugar a los barquitos contra uno de sus amigos imaginarios.

Tampoco sonaba el timbre, así que el mensajero subió hasta el piso, y al ver la puerta abierta y oír "a cuatro, be cuatro, ce cuatro, agua, agua, agua" se personó en el salón y vio al Rey desnudo en su bañera, muy entretenido. Desde lo más lejos posible, le tendió el sobre y el albarán para que firmara. El que sería nuevo amigo de Jota Minúscula firmó "el acorazado está en las casillas ce seis a ce nueve" y despidió amablemente al chico, que agarró el papel y se largó como alma que lleva el diablo.

Rey abrió el sobre y leyó la invitación, escrita con sangre y tinta china: "Su estimada majestad es requerida en la próxima celebración de mi enésima nonomástica en la Taberna del pirata Juan Florín, esta misma noche. Firmado: Don Ferdinand Dadá, Fénix de los Incendios. PD. Se requiere sombrero de copa y pajarita."

Como Lui no tenía nada en casa para cenar, se puso sus mejores galas y su sombrero de flores y se dirigió a la Taberna. Llegó a las cuatro de la tarde, se sentó en la barra y pidió una jarra de vino y un plato de albóndigas con calamares.

Mientras el Rey untaba pan en la salsa se fijó en la mujer que tenía al lado: una chica menuda y regordeta que se pintaba obsesivamente los ojos de verde loro mirándose a un espejito. Nada más establecer contacto visual con él, la chica empezó a hablar sin parar: "me llaman Jota, Jota Minúscula, y venía a la fiesta de un tío raro amigo de mi mejor amigo, el inefable Señor Señora. ¿Y tú? ¿quién eres? ¿un niño de las flores que se ha hecho mayor?"

Lui respondió con un acróstico y, aunque Jota no le entendió, le gustó el timbre de su voz y la calma que transmitía. La muchacha continuó charlando de sí misma y de su vida, con profusión de gestos, muecas y ruiditos, y el Rey, quizás por efecto del vino, cada vez la encontraba más atractiva.

Aprovechando una pequeña pausa que hizo para tomar aire, le ofreció su brazo. Ella se sorprendió, y luego se levantó, y graciosamente, le puso la manita en la parte interior del codo. Él, todo caballerosidad, la acompañó hasta la sala grande, donde el Fénix de los Incendios tomaba asiento en la presidencia de la larga mesa.

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