Jau,
Es tremendo. Ayer fuí poseído. Y no por un demonio, un djinn o cualquier otro espíritu al uso. No. Fuí poseído por un chucho.
Digo esto, y sé que la primera imagen que viene a la mente es un perro macho atacando, excitado, una pierna humana, con el fin de aparearse con ella. Aaah, ojalá hubiese tenido tanta suerte. Mi chucho no era de ese tipo.
Vereis, resulta que cerca de mi casa hay una pequeña granja. Todo parece muy familiar y agradable. Hacía mal tiempo, y mi acompañante y yo buscábamos un sitio donde tomar algo, "merendar", lo llaman algunos. Pero no podía ser ni el caro y mediocre (pastamente hablando) Café di Roma ni el ruidoso Illy, no. Así que cuando vimos la granjita decidimos (ayudados por la lluvia) que ya habíamos paseado bastante.
El caso es que nada más entrar le ví. Él era grande, mullidoesponjoso, cubierto de azúcar... creo que me guiñó un ojo, aunque yo llevaba las gafas empapadas y no veía muy bien. El caso es que, cuando la muchacha se nos acercó para apuntar, yo LE elegí, junto con un botellín de Cacaolat.
Fue un mal negocio: me lo comí en dos minutos, y al cabo de nada ya estaba amarillento. Fijaos si debía poner mala cara que mi acompañante, la señorita Moneypenny se asustó un poco, y me conminó a volver a mi casa, y a mi camita, a ver si se me pasaba.
Así lo hice, pero la MALDICIÓN ya estaba en marcha. Resistí durante unas horas, incluso cené, pero a la una y pico de la mañana, tras dos episodios de Hospital Central, me levanté, dispuesto a lavarme los dientes. Y en vez de lavarme los dientes, eché hasta la primera papilla.
Aún hoy, un día después, me pregunto cómo puede un chucho albergar tanto odio hacia un desconocido...
jueves, diciembre 09, 2004
martes, noviembre 30, 2004
Mi primera empresaaa, Chispas!!
Jau,
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Ya que estás leyendo estas líneas te lo podrías kurrar y visitar la web de mi nueva empresa, Fracttal Diseño y Multimedia. Es la primera vez que fundo una empresa, y necesitamos clientes!! Así pues, si tienes algún encargo sobre webs, 3D o publicidad, no lo dudes, tenemos amplia experiencia en esos temas, de ahí que hayamos decidido dar el salto al autotrabajo!!
[fin bloque publicitario]
La web de la empresa es www.fracttal.com. Visítala y verás de qué somos capaces, xavalín!!
:DD
Miau.
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Miau.
jueves, noviembre 18, 2004
Cartelista
Últimamente me dedico a colgar carteles. Y debo decir que es mucho más divertido de lo que parece. Supongo que todo depende de cómo te lo tomes. Yo soy de los que disfrutan delinquiendo. Es verdad, si ensucias las paredes de la bella Bárcino puedes ser multado por la omnipresente Guardia Urbana. Y yo confieso que he delinquido. ¿A qué esperarán para capturarme?
La primera vez. El primer día es un subidón, no sabes ni cómo aguantar el cartel decentemente con una mano mientras coges el celo con la otra. Lo peor es que las manos te sudan, pues sabes que te la estás jugando: esa pared, esa columna, esa farola, son intocables, no deberías poner tus sucios papeles sobre ellas... la mano tiembla y ¡maldición! el rollo de celo se cae.
Poco a poco. Le vas pillando el truco, e incluso cuelgas carteles en lugares donde es... ¡asómbrense! legal, como los enormes cilindros que el ayuntamiento ha dispuesto. Trabajo inútil, porque tu cartel es muchísimo más pequeño que los que hay pegados, y además no durará nada, porque será cubierto en pocos días. Pero qué se le va a hacer, es la trampa de lo legal, no puedes sustraerte a ella.
Al final. Un último cartel en una pared cercana a tu casa, de camino ya. Con el deber cumplido, cansado de tanto sacar papel, estirarlo, cortar celo, poner celo, cortar celo poner celo (de cuatro a seis veces), pero feliz porque la información que cuelgas lo verá alguien.
Los días siguientes. Rabia contenida, porque alguien va arrancando, tapando, rasgando los carteles. Aunque poco, tú también tuviste que hacerlo en algún momento, para hacerte sitio. Pero nunca gratuitamente, nunca para dejar la pared vacía, con las esquinas y el celo aún puesto... asesinato gratuito de carteles. Mañana volveré a colgar más allí donde desaparecieron.
La primera vez. El primer día es un subidón, no sabes ni cómo aguantar el cartel decentemente con una mano mientras coges el celo con la otra. Lo peor es que las manos te sudan, pues sabes que te la estás jugando: esa pared, esa columna, esa farola, son intocables, no deberías poner tus sucios papeles sobre ellas... la mano tiembla y ¡maldición! el rollo de celo se cae.
Poco a poco. Le vas pillando el truco, e incluso cuelgas carteles en lugares donde es... ¡asómbrense! legal, como los enormes cilindros que el ayuntamiento ha dispuesto. Trabajo inútil, porque tu cartel es muchísimo más pequeño que los que hay pegados, y además no durará nada, porque será cubierto en pocos días. Pero qué se le va a hacer, es la trampa de lo legal, no puedes sustraerte a ella.
Al final. Un último cartel en una pared cercana a tu casa, de camino ya. Con el deber cumplido, cansado de tanto sacar papel, estirarlo, cortar celo, poner celo, cortar celo poner celo (de cuatro a seis veces), pero feliz porque la información que cuelgas lo verá alguien.
Los días siguientes. Rabia contenida, porque alguien va arrancando, tapando, rasgando los carteles. Aunque poco, tú también tuviste que hacerlo en algún momento, para hacerte sitio. Pero nunca gratuitamente, nunca para dejar la pared vacía, con las esquinas y el celo aún puesto... asesinato gratuito de carteles. Mañana volveré a colgar más allí donde desaparecieron.
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